domingo, 14 de junio de 2009

Retos.

Todos mienten; pero no importa porque nadie escucha.
Estoy en medio de una discusión, bueno, quizás más bien solo observándola. Ángeles y demonios discutiendo por el futuro de los humanos. Es verdaderamente desconcertante.
Angelo, que está de cuclillas en el suelo, se desplaza de espaldas hasta mi.
<Angelo> susurro por lo bajo, hacercándome a él <Se lo toman muy en serio para estar hablando de humanos...>
-Lo sé- me contesta, murmurando cerca de mi- Creo que Astaroth y los arcángeles, menos Uriel, quieren mantener la humanidad con vida y los demás, destruirla.
<No lo entiendo, siempre me has hecho entender que los ángeles y los demonios son superiores a los humanos, más importantes. No entiendo porqué pelearse por nosotros entonces>.
-No lo entiendes porque nadie puede entenderlo- dice, observándome con un atisbo de tristeza y cansancio en su mirada- todos mienten; pero no importa porque nadie escucha.
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Es más fácil obtener perdón que permiso
Angelo y yo caminábamos por un parque, en Madrid. Solos, charlando, de nada en especial. Los dos sonreíamos, con las manos entrelazadas. Nos sentamos en las raíces de un árbol cercano, él estirado y yo sobre él, estábamos mejor de lo que hubieramos llegado a estar en mis mejores sueños. Todo era perfecto.
Miramos el cielo, abrazados sin decir nada, hasta que se hizo de noche y solo nos iluminó la luna.
Así, de esta manera, nos vió el enemigo. Debería de ser un demonio menor cualquiera, enviado por alguien más importante. Beskalú, el enemigo, lanzó su espada demoníaca desde las sombras, con una precisión debastadora.
Para cuando Angelo se dio cuenta ya era demasiado tarde. La espada iba directa hacia él, y nadie podía evitarlo. ¿O sí? Yo estaba sobre él, aún abrazandolo, así que él no tuvo tiempo de raccionar. Pero yo sí. Sabía que eso podría matarle. Solo una espada demoníaca, o una angelical.
Detuve la muerte de Angelo con la mía, la espada se clavó en mi espalda, y yo cerré los ojos en el instante que me di cuenta de que no había marcha atrás. Pero volví a abrirlos, para no cerrarlos hasta el final, mirando a Angelo, su cara, sus ojos, sus labios...Sería la última vez.
-¡Cat! ¡No!- me cogió la cara, me abrazó, me besó por toda la cara mientras repetía- ¡No,no,no!...¡No!
-Angelo, no lo hubiera soportado. No podía perderte.
-¡¿Y yo sí?! ¡¿Yo sí, Cat?!
-Sí, tu sí- me detube un momento, hablar me costaba mucho, me sentía muy cansada...- Ya lo hiciste una vez, amaste a una mujer humana y esta murió porque era mortal. Tu has seguido adelante y has olvidado. Podrás hacer lo mismo.
-No es lo mismo- me miró a los ojos- Nunca había sentido esto antes. No me dejes solo- me cogió la mano- Quedate conmigo.
-No creo que...
Angelo desvió la mirada pero yo estuve a tiempo de ver como la lagrima resvalaba por su mejilla. Nunca habia visto a un demonio llorar. Oí como repiraba ondo y luego se giró otra vez hacia mi.
-¿Por que me has hecho esto, Cat? No puedo seguir sin ti.
-Es más fácil obtener perdón que permiso- dije sin dejar de mirarle a los ojos, luego nos abrazamos, y la luz de mis ojos se apagó, con mis últimas palabras, dirigidas a él. Te quiero.

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