¿Por qué son tan crueles los demonios? ¿Por qué existe esa crueldad tan fría, incluso entre ellos? ¿Por qué torturar a Angelo de esta manera? No quiero verle sufrir como lo veo ahora, con las esposas de esencia angelical quemándole la piel. Haciéndole daño. No quiero sentir compasión por un demonio ya que seguramente Angelo en su pasado hizo mucho más daño del que le hacen ahora a él. Pero siento pena al verle de rodillas, sin poder moverse, evitando cualquier movimiento para no rozar las esposas y que así aumente su agonía. No puedo verle sufrir, porque Angelo me ha ayudado, porque en el fondo algo me dice que no es tan malo.
Quisiera ayudarle yo a él, apartar a cualquiera que quiera hacerle daño... Pero soy un simple e inútil fantasma, no puedo tocar nada, lo traspaso todo. No puedo hacer nada más que quedarme mirando lo que ocurre. Estoy segura de que Angelo no hablará hasta que le prometan que le dejaran vivir. Pero ¿Y si lo matan después? No me extrañaría esa actitud, ya que estamos hablando de demonios, y sabiendo lo rastreros que son, no me sorprendería lo más mínimo.
¡Oh, no! Uriel no acepta que Angelo viva, le está poniendo su espada angelical rozándole el cuello, quemándole, abrasándole, y yo me siento estúpida por haberme dejado engatusar en Berlín, haberme dejado matar. Ahora no sería tan inútil, aunque quizás me abrían matado igualmente, ahora, por ejemplo. Me esfuerzo por hacerme escuchar en su mente…
<Angelo…Angelo, perdóname por ser como soy. No puedo ayudarte> No obtengo respuesta, ¿Porqué no me responde?
<Angelo…> Un suspiro, un suspiro cansado, débil. Estoy asustada, desesperada, si pudiera llorar… Pero no puedo ni siquiera sufrir como es debido.
<Angelo, por favor… Lo siento, perdóname, tengo la sensación de que todo esto es culpa mía>. No soporto esto, voy a acercarme a su lado.
<Cat…> Oh, me ha contestado, mis “músculos” se han quedado paralizados. <Cat, tú no tienes la culpa de nada de esto>. No sé cómo lo ha hecho, pero ha conseguido que sus pensamientos sólo se oigan en mi cabeza. Y también acabar, definitivamente, por darme pena.
<No te preocupes. Eres fuerte y sí que me has ayudado. Has hecho que me dé cuenta de que aunque seas humana, eres especial>. Me estoy quedando helada (si eso puede pasar). Quiero contestarle que no se merece esto, pero no me salen las “palabras”.
<Cat, no merezco que sientas pena por mí>.
Me siento débil y fuerte a la vez y, ahora me doy cuenta de porque aún no me he ido por el túnel de luz, aunque ya haya encontrado al asesino de mi padre, algo me detiene. Y ahora que veo como torturan a Angelo me doy cuenta que la única razón que me retiene aquí es él, y solamente él.
lunes, 1 de junio de 2009
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