-Papá, papá- dice Cat, con solo seis años, estirando la túnica de su padre.
-Ahora no, Cat- responde él, con una voz suave pero rotunda- Estoy meditando, intento encontrar a Dios- separa sus manos, antes juntas para rezar, para despeinarle el pelo- Ve a date un paseo por fuera, pero no te alejes.
Cat rebufa, pero luego, a falta de otra cosa mejor que hacer sale al exterior de la sala, que apesta a incienso.
Al salir a fuera, el aire puro llena sus pulmones y ella fija su vista en el paisaje que puede verse desde esa altura. El paisaje del Tíbet es magnífico a sus ojos, que recorren curiosos cada rincón del pequeño jardín que hay al lado del templo. Aunque su padre le haya dicho que no se aleje, Cat avanza hacia un camino perdido entre los arbustos, siguiendo a una mariposa blanca que le muestra el camino inconscientemente. Sin duda el camino es viejo y hace tiempo que la gente ya no se adentra en él, pero Cat sólo tiene ojos para el batir de las alas de la mariposa. No se da cuenta de que el camino termina en un pequeño claro de luz donde, contemplando a la niña, hay un chico joven, occidental, moreno con el pelo ligeramente despeinado, con una sonrisa curiosa curvando sus labios. Cat, distraída, intenta cazar al bichito blanco que bate sus alas hechizantemente y, cuando está a punto de cogerla, ésta se posa en el hombro del chico. Cat alza la cabeza y el chico se agacha para mirar a los ojos a la niña.
-No puedes cazar a las mariposas- dice dejando escapar al bicho alado de la palma de su mano- Si las atrapas les quitas las fuerzas para seguir volando, y ya no vuelven a hacerlo.
Cat asiente, avergonzada.
-Me llamo Angelo- dice, sin dejar de sonreír.
-Yo Caterina- contesta ella, inocentemente- No cogeré más mariposas, me gusta como vuelan. Sus alas.
La sonrisa del chico se amplía, como si Cat estuviera hablando de algo que él posee.
-Bien, Cat. Puede sonarte extraño- dice al final, alzando una ceja- Pero volverás a verme de aquí diez años, aunque ya no te acordarás de esta conversación.
Luego le despeina el pelo a la niña y se gira, perdiendo sus pasos por la espesura. Entonces llega Iah-hel ( o Ismael para los humanos) y la coge de la mano.
-Cat, te he dicho que no te alejes- dice su padre, dirigiendo una mirada rabiosa al chico que se aleja.
La sube en brazos y se la lleva. Cat fija sus ojos en Angelo, algo le dice que es especial. En ese momento, un detalle invade su pensamiento. Ella no había comentado que su padre la llamaba Cat cariñosamente, entonces… ¿Cómo lo sabía él?
-Ahora no, Cat- responde él, con una voz suave pero rotunda- Estoy meditando, intento encontrar a Dios- separa sus manos, antes juntas para rezar, para despeinarle el pelo- Ve a date un paseo por fuera, pero no te alejes.
Cat rebufa, pero luego, a falta de otra cosa mejor que hacer sale al exterior de la sala, que apesta a incienso.
Al salir a fuera, el aire puro llena sus pulmones y ella fija su vista en el paisaje que puede verse desde esa altura. El paisaje del Tíbet es magnífico a sus ojos, que recorren curiosos cada rincón del pequeño jardín que hay al lado del templo. Aunque su padre le haya dicho que no se aleje, Cat avanza hacia un camino perdido entre los arbustos, siguiendo a una mariposa blanca que le muestra el camino inconscientemente. Sin duda el camino es viejo y hace tiempo que la gente ya no se adentra en él, pero Cat sólo tiene ojos para el batir de las alas de la mariposa. No se da cuenta de que el camino termina en un pequeño claro de luz donde, contemplando a la niña, hay un chico joven, occidental, moreno con el pelo ligeramente despeinado, con una sonrisa curiosa curvando sus labios. Cat, distraída, intenta cazar al bichito blanco que bate sus alas hechizantemente y, cuando está a punto de cogerla, ésta se posa en el hombro del chico. Cat alza la cabeza y el chico se agacha para mirar a los ojos a la niña.
-No puedes cazar a las mariposas- dice dejando escapar al bicho alado de la palma de su mano- Si las atrapas les quitas las fuerzas para seguir volando, y ya no vuelven a hacerlo.
Cat asiente, avergonzada.
-Me llamo Angelo- dice, sin dejar de sonreír.
-Yo Caterina- contesta ella, inocentemente- No cogeré más mariposas, me gusta como vuelan. Sus alas.
La sonrisa del chico se amplía, como si Cat estuviera hablando de algo que él posee.
-Bien, Cat. Puede sonarte extraño- dice al final, alzando una ceja- Pero volverás a verme de aquí diez años, aunque ya no te acordarás de esta conversación.
Luego le despeina el pelo a la niña y se gira, perdiendo sus pasos por la espesura. Entonces llega Iah-hel ( o Ismael para los humanos) y la coge de la mano.
-Cat, te he dicho que no te alejes- dice su padre, dirigiendo una mirada rabiosa al chico que se aleja.
La sube en brazos y se la lleva. Cat fija sus ojos en Angelo, algo le dice que es especial. En ese momento, un detalle invade su pensamiento. Ella no había comentado que su padre la llamaba Cat cariñosamente, entonces… ¿Cómo lo sabía él?
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