jueves, 4 de junio de 2009

El comienzo de la imaginación.

Yo en realidad tampoco creo en los ángeles, aunque no les haya pedido milagros, solo una explicación. Quiero saber si volverá. Si podré volver a cruzar mis manos con las suyas, como antes solíamos hacer. Le he pedido tantas veces al cielo que le lleve otra vez hasta mi que mis labios se han cansado y han decicido enmudecer. Finjo no oir las notícias mientras hablan de la guerra que estalla más allá de la tierra y del mar que yo conozco. Lejos, donde no puedo saber siquiera si está vivo o sano, o si lo han dejado muerto, sin vida, en una fosa común qualquiera; solo he hecho que rezar. Pero no hay nada más allá, solo vacío, o alguien que finje no escuchar. Odio el mundo que piso, me gustaría dejarlo atrás. Marcharme con él, a otro lugar. A nuestro mundo interior, el que se creaba cada vez que me miraba y no recordaba que estaba pisando el suelo con los pies. Sigo llendo a la playa donde nos despedimos, esa playa a la que solíamos ir. Donde me dijo por primera vez un te quiero... y un adiós. Pero yo no quise decirle adiós, y nunca lo haré. Dije solamente: hasta luego. Porque quiero creer que habrá un después, que volveremos a sentarnos en la arena a oler el mar y dejar que la brisa nos despeine, a mirarle a los ojos y decirle cuanto le quiero, aunque nunca encuentre las palabras suficientes. Daniel, se lo he pedido a Dios, a los ángeles y al cielo, pero ahora te lo pido a ti. Vuelve.

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